Dicen que el maestro del hombre para ser padre, es su propio hijo. Lo anterior se convierte en una situación complicada pues son pocas las personas que aprenden en la primera lección, aun así, se convierte en una tarea interesantísima y cómica. Al observarlos y ver el asombroso potencial de aprendizaje, emociones, movimientos y creatividad nos damos cuenta que nuestros padres (mis suegros y mi madre, pues no sería prudente generalizar) hicieron lo mejor en sus posibilidades para educarnos y mostrarnos como funcional el mundo. El otro día estábamos mi esposa y yo platicando cuando de repente escuchamos un golpe en la recámara en la que se encontraba nuestro primogénito, quejándose y sosteniéndose el brazo vino hasta nosotros trayendo la petición ‘Tana, tana’, misma a la que accedimos, por supuesto, sobándole el brazo y cantando la internacionalmente famosa melodía de ‘Sana, sana, colita de rana’. En otro hecho, mientras reposaba sobre mi viejo pero cómodo sillón, en el que regularmente ...