El otro día fui a un concierto por motivo de trabajo, el intérprete salió al escenario un poco más tarde de lo esperado, cosa que me molestó un poco, porque oye, al Equipo del Pastor le perdono que llegue tarde al campo de futbol, pero las canciones de este músico ni siquiera son de mi agrado, lo curioso es que sólo pareció molestarme a mí ese pequeño detalle. Aún así preferí relajarme, tendría que poner atención al evento y me sería complicado hacerlo con una actitud áspera. En los siguientes minutos el recinto se convirtió en una serie de continuos estruendos, no sólo por parte del cantante y sus excelentes músicos, me refiero principalmente a la multitud de féminas y algunos varones que gritaron como si trataran de dañarse las cuerdas vocales mientras se sostenían las mejillas con ambas manos, debieron haber sentido que se les caería la cabeza de la euforia, aunque en cierto sentido sí se descabezaron. Lo que no comprendo bien es por qué se descabezaron, ¿lo harían por la afinada vo...