En los últimos días he tenido la inesperada y non grata visita de algunas agudas, intensas y fastidiosas manifestaciones que han llegado sin decirme “agua va”. No, aunque parezca increíble, no me refiero ni a los cobradores, los religiosos o a mis familiares, a ellos los recibo con los brazos abiertos, hablo de un intenso dolor de cabeza que me ha estado fastidiando durante varios días y se ha empeñado en taladrarme la cholla al grado de no permitirme producir fácilmente mis labores periodísticas, este por lo regular se hace acompañar de otro factor indeaseable; un malestar de estomago con sensación de tener necesidad de vomitar (aunque frecuentemente el vómito no se da) que ha sido difinido categóricamente como náuseas. Al meditar un poco sobre lo que está afectando a mi maltratado organismo llegué a la conclusión que no pudo ser algo que comí, mi estomago ha sido probado por las más altas pruebas que pueden existir. Acostumbrado a comer los tacos parados en Matamoros, Reynosa y Monte...