Recuerdo haber leído dentro del portal de la FIFA un artículo titulado “¿Quieres ser árbitro?”. En este el encargado de los árbitros, José María García-Aranda, afirmaba que mientras la práctica de fútbol en todo el mundo va en aumento, cada vez es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a hacer respetar las normas de este deporte.
Lo curioso es que no necesitó muchos argumentos para explicar el por qué de esta situación.
En una ocasión, mientras observaba un partido de fútbol, mi compañero le gritaba, como es típico, al señor vestido de negro toda clase de condenaciones, groserías haciendo referencia en innumerables ocasiones a la progenitora del silbante.
Por primera vez me di cuenta que el jugador número 23 es el más observado en el terreno de juego.
– De verdad que ese árbitro es miope, –dijo mi vecino–.
– ¿Crees que no ve bien de lejos? –le pregunté–.
– Creo que es miope… mira cómo se le pasan las jugadas importantes.
– Pero esa jugada en la que parecía falta no estuvo muy clara.
– No solo clara, era una clarísima falta y hasta la tarjeta roja le debió haber sacado el hijo de su...
– ¿No te parece que el centro delantero ya tuvo demasiadas fallas? Ha volado cinco veces el balón frente a la portería.
– A quién le interesa ese “vato”, pobre flaco ha de andar crudo, el árbitro no está pitando bien, fíjate como no está cerca del balón.
– Pero si está a escasos cinco metros.
– Por eso, debería estar a uno. ¡Árbitro, la porra te saluda…!
Y este diálogo no solo es fuera de la cancha. En varias ocasiones nos hemos enterado que un jugador arremetió a golpes contra la máxima autoridad del terreno de juego, o con empujones, con el pensamiento de que los árbitros se dedican a fastidiar sistemáticamente su vida, mientras que estos la mayoría de las veces solamente están haciendo su chamba.
Que se equivocan, sin duda alguna, también son seres humanos, pero recordemos que su trabajo consiste en aplicar el reglamento tomando decisiones en un segundo, asunto bastante difícil de realizar.
Otro acusador está en los medios de información. Ahora en la mayoría de los programas de análisis deportivo, llámese internacional, nacional o local, hay un erudito del arbitraje que, con lupa en mano, observa la labor del réferi que señala cada uno de los errores cometidos durante los juegos, y repitiendo las imágenes una y otra vez deja en claro que el hombre de negro falló.
En esta ocasión, reconozco y felicito la valentía del colegiado que va al llano o al estadio con el único interés de realizar una labor formativa, poniendo en práctica las normas del fútbol con los jugadores más experimentados o los más aficionados.
¡Vaya que hay que tener valor para entrar en esta profesión!
Publicada en El Nuevo Heraldo el 20 de octubre del 2009.
Para prueba de lo anterior vean el siguiente video:

0 comments:
Post a Comment