El otro día, un reportero de la sección deportiva del periódico The Monitor me preguntó a quemarropa: "¿Qué opinas de los juegos de los Bravos?".
Eso fue bastante extraño, sobre todo porque quien regularmente hace las preguntas soy yo y, por supuesto, no sabía si su pregunta tenía una doble intención. Un día antes habíamos ido a cubrir el primer partido en casa de "Los Muchachos del Valle", que ganaron 2-1 ante unos débiles Leones de Houston y, claro, yo esperaba las reacciones externas al equipo, que quizá podrían ser tanto buenas como malas críticas.
Haciendo una pausa y tomando aire, decidí aplicar en aquel momento el colmillo que me han enseñado algunos de mis entrevistados (sobre todo los políticos), respondiéndole con dos preguntas. "¿Lo viste? ¿Qué tal estuvo?".
Yo no tenía idea de lo que me diría el experto en deportes, especialmente porque su rostro reflejaba una tremenda seriedad que me hacía pensar que estaba de luto. Además, ya lo había escuchado emitir duros análisis en distintas ocasiones sobre otros equipos y con bases muy sólidas, así que era para mí una conversación llena de suspenso.
Por fin soltó las primeras sílabas que me dieron cuenta de su pensar. "¡Estuvo asombroso! No pensé que resultarían tan buenos", me contestó mi colega angloparlante, y continuamos con un diálogo más relajado sobre algunos pormenores del encuentro.
A decir verdad, creo que el equipo RGV Bravos FC nos ha traído por lo menos tres cosas.
Un ambiente familiar. Sobre todo porque hay una intensa y repetida mención que hace recordar a las madres, principalmente a las de los árbitros y, aunque no estoy de acuerdo en hacer esto, reconozco que el estadio Tigre de la preparatoria Valley View en Hidalgo, nos ha proporcionado un lugar donde los hombres pueden convivir de una manera sana con sus esposas, hijos, nietos, yernos y hasta con las suegras, y esto ya es algo muy positivo para nuestra comunidad.
Un espectáculo de alto nivel. Desde que era un infante he apreciado el deporte más popular del globo terráqueo, el fútbol soccer, y puedo decir hoy, sin temor a equivocarme, que el equipo fronterizo no sólo jugó para ganarle a Houston y a Laredo, sino que proyectó un tremendo espectáculo para la tribuna y eso no es tan fácil como decirlo.
Tuvimos la oportunidad de apreciar, en sólo dos primeros juegos, un buen control del balón, coordinación, buena técnica, velocidad, potencia en los tiros y un sistema de juego 4-3-3 bastante ofensivo que produjo una serie de anotaciones que nos hicieron poner varias veces de pie para gritar el tan ansiado "goooool". No por nada en este momento ligan cuatro partidos sin perder.
Un equipo de casa. Yo apoyo a los campeones Pumas del fútbol mexicano, pero siendo sincero, no es lo mismo gritar "Goooya" en Ciudad Universitaria que hacerlo en tu casa. Además, en este sentido estamos apoyando a un amigo, vecino, familiar, conocido, compañero o ex compañero de escuela, de alguna forma todos estamos familiarizados con los jugadores que componen a la escuadra brava.Por esas tres razones, yo sí me voy a disfrutar este sábado al partido en el que los Bravos del Valle del Río Grande reciben a los Patriotas de El Paso, equipo que va en primer lugar en la tabla de posiciones y que son los únicos que han logrado vencer a "Los Muchachos del Valle".
Columna publicada en los diarios El Nuevo Heraldo y La Frontera el 2 de junio del 2009.

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