Casi como un sueño de esos que vagamente se recuerdan los detalles, sobre todo por lo mal que la pasé, está en mi mente el día que mi vieja (madre) me dejó por primera vez en el pre-escolar. De uniforme con camisa roja, una lonchera con la imagen de los Transformers y un cochesito de juguete en la mano, es como me quedé en la puerta de aquel lugar observando cómo se alejaba mi progenitora aquella mañana.
Niños corriendo como ‘perros sin mecate’ y algunos hasta golpeándose fue el recibimiento que tuve aquel día por parte de mis compañeritos, eso aún sin mencionar a la abuelita cara pálida que me tocó de maestra en el salón de clases, en el que no hacía nada más que gritar, por su puesto, hasta donde la dentadura postiza le permitía.
No obstante, como si fuera toda una azaña logré llegar al descanso, y ¡vaya que estaba cansado! Trantado de sobrevivir en medio del recinto selvático, cabe destacar que mi respiración creo que era de un claustrofóbico internado en un manicomio por error.
Al salir a la recreación tomé conmigo aquel ‘Hot Wheels’ que me compraron con el objetivo de que no llorara en mi primer día de escuela, bueno, dentro de lo inseguro e incómodo que me pudiera sentir existía la pequeña pero atractiva recompensa por soportar la mañana. Cabe mencionar que aquel ‘kinder’ también tenía escuela primaria, misma que estaba dividida solamente por unas barras de metal pero que permitía cierto contacto entre los menores.
Obviamente no pudo faltar la bienvenida de los primarios, al pasar cerca de las barras divisorias un astuto niño me llamó;
- ¡Hey! Ven acércate, sí, tú, ven tantito
- ¿Yo? –pregunté con cara de asombro y acercándome lentamente-
- Sí, acércate más –mientras yo seguía dando pasos como si caminara descalzo con el cuidado de no pisar algún vidrio-
- ¿qué pasa? –finalmente contesté lo bastante cerca de él-
- -Tomándome del hombro medio me giró señalando- ¿Ves aquel niño que está corriendo? Es mi hermano, llámalo y dile que venga , le quiero decir algo, -antes de ir corriendo a hacerle el favor a mi compañero mayor, me tomó la mano y me dijo aquí te cuido tu carrito mientras lo llamas...
Suponen bien, ¡no era su hermano!
A casi 25 años después tengo por lo menos dos conclusiones:
O tengo la necesidad de escribir mis vivencias como terapia y autoayudarme de esta manera a superar lo ocurrido; o me transformé aquel día en alguien malísimo para dar bienvenidas. Sin embrago, espero que en este blog pueda sentirse, querido lector, cómodo y quizas hasta identificado con lo que se habrá de escribir, siéntase libre de hacer comentarios, eso siempre será mejor a no tenerlos. ¡Bienvenido!
Niños corriendo como ‘perros sin mecate’ y algunos hasta golpeándose fue el recibimiento que tuve aquel día por parte de mis compañeritos, eso aún sin mencionar a la abuelita cara pálida que me tocó de maestra en el salón de clases, en el que no hacía nada más que gritar, por su puesto, hasta donde la dentadura postiza le permitía.
No obstante, como si fuera toda una azaña logré llegar al descanso, y ¡vaya que estaba cansado! Trantado de sobrevivir en medio del recinto selvático, cabe destacar que mi respiración creo que era de un claustrofóbico internado en un manicomio por error.
Al salir a la recreación tomé conmigo aquel ‘Hot Wheels’ que me compraron con el objetivo de que no llorara en mi primer día de escuela, bueno, dentro de lo inseguro e incómodo que me pudiera sentir existía la pequeña pero atractiva recompensa por soportar la mañana. Cabe mencionar que aquel ‘kinder’ también tenía escuela primaria, misma que estaba dividida solamente por unas barras de metal pero que permitía cierto contacto entre los menores.
Obviamente no pudo faltar la bienvenida de los primarios, al pasar cerca de las barras divisorias un astuto niño me llamó;
- ¡Hey! Ven acércate, sí, tú, ven tantito
- ¿Yo? –pregunté con cara de asombro y acercándome lentamente-
- Sí, acércate más –mientras yo seguía dando pasos como si caminara descalzo con el cuidado de no pisar algún vidrio-
- ¿qué pasa? –finalmente contesté lo bastante cerca de él-
- -Tomándome del hombro medio me giró señalando- ¿Ves aquel niño que está corriendo? Es mi hermano, llámalo y dile que venga , le quiero decir algo, -antes de ir corriendo a hacerle el favor a mi compañero mayor, me tomó la mano y me dijo aquí te cuido tu carrito mientras lo llamas...
Suponen bien, ¡no era su hermano!
A casi 25 años después tengo por lo menos dos conclusiones:
O tengo la necesidad de escribir mis vivencias como terapia y autoayudarme de esta manera a superar lo ocurrido; o me transformé aquel día en alguien malísimo para dar bienvenidas. Sin embrago, espero que en este blog pueda sentirse, querido lector, cómodo y quizas hasta identificado con lo que se habrá de escribir, siéntase libre de hacer comentarios, eso siempre será mejor a no tenerlos. ¡Bienvenido!
Comments
uzzi
Que gusto saber por tus gusto.
Oye pues que historia, pagaste la "novatada" mi estimado...espero y algun dia puedas dar con el paradero del hurtador de carritos....
Mi caso el primer dia en el jardin de niños fue algo, bueno no algo, si no "muy" delicado...depues te cuento. Y si no lo sabes, te paso mi historia para que me la publiques.
Un abrazo y espero historias basadas del pequeño Yanhiel y sus ocurrencias.
te quiere tu ma.
acabamos de regresar de mty y tu tia Jaxel me comento de tus historias que publicaste y al llegar a casa las lei y me encantaron!!! eres bueno para narrar historias hace transportar al lector a los lugares que describes, MUY BIEN!!! felicidades y que Dios te siga bendiciendo a ti y tu familia
tu tia que te quiere Ismari
Tu primo Carlos